Lo que no estamos viendo (y está pasando): una mirada educativa a Euphoria

 

Hoy quiero hablar de una serie que ha generado bastante debate y que, en mi opinión, tiene mucho más fondo del que parece a simple vista. Euphoria se mete de lleno en la adolescencia, pero no desde una visión idealizada, sino mostrando una realidad bastante más incómoda: drogas, salud mental, relaciones complicadas, presión social… Todo aparece sin suavizar demasiado, y por eso creo que tiene sentido pararse a analizarla desde la educación.

⚠️Antes de entrar en la serie, creo que es importante dejar algo claro. No es una serie para todo el mundo. Trata temas muy sensibles y en algunos momentos puede resultar dura o incluso excesiva. No la recomendaría para personas muy jóvenes ni para alguien que esté pasando por un momento complicado a nivel emocional. Tampoco creo que sea una serie para ver sin más, como entretenimiento. Si se ve sin contexto, es fácil quedarse solo con lo superficial o pensar que está “normalizando” ciertas conductas. Para mí, tiene sentido verla con cierta madurez y con intención de entender lo que hay detrás.⚠️


La protagonista es Rue Bennett, y su historia marca bastante el tono de todo lo que viene después. Rue acaba de salir de rehabilitación, pero desde el principio se ve que su relación con las drogas sigue completamente presente. No hay un “ya está bien”, sino una lucha constante.

Su caso no se puede entender sin todo lo que arrastra: ansiedad desde pequeña, esa primera experiencia con la medicación que le hace sentir en calma por primera vez, la enfermedad y la muerte de su padre… Todo eso no desaparece, se queda dentro. Y cuando no hay una forma de gestionarlo, aparece la adicción como una salida.

Aquí la serie permite ver algo que muchas veces se simplifica demasiado: consumir no es solo “decidir hacerlo”. En muchos casos es una forma de regular lo que uno siente. Rue no busca colocarse por diversión, busca dejar de estar mal. El problema es que esa solución es momentánea, y cada vez necesita más para conseguir lo mismo. Ahí es donde aparece la dependencia.

La adicción en Euphoria no está romantizada cuando la miras de verdad: se ve la pérdida de control, la mentira, el deterioro de las relaciones, el daño a uno mismo y a los demás. Y eso abre una cuestión importante desde la educación: ¿qué pasa cuando un adolescente no tiene herramientas para gestionar su malestar? Porque el problema no empieza en la droga, empieza mucho antes.

Su relación con Jules Vaughn se mezcla con todo esto. Rue deposita en Jules una necesidad emocional muy fuerte. No es solo afecto, es una forma de sostenerse. Y aquí aparece la dependencia emocional en un sentido bastante claro: cuando el equilibrio personal depende de otra persona, cualquier cambio en la relación afecta directamente al bienestar.

La serie muestra cómo esa dependencia puede ser tan intensa como una adicción, porque en ambos casos hay una necesidad constante de algo externo para sentirse bien.

Jules, por su parte, está en un proceso constante de construcción personal. Su historia como chica trans atraviesa todo lo que hace, pero no como etiqueta, sino como experiencia. Ha tenido que entender quién es en un entorno que no siempre acompaña, y eso influye en cómo se relaciona.

En su caso aparece una necesidad de validación que va más allá de lo superficial. No se trata solo de gustar, sino de sentirse reconocida, aceptada, vista tal y como es. Pero al mismo tiempo, hay una dificultad para sostener vínculos estables. Hay una tensión constante entre querer conexión y necesitar escapar.

Esto refleja bastante bien lo complejo que puede ser construir una identidad cuando no hay referentes claros o cuando el entorno no valida lo que eres. No es un proceso lineal, ni tranquilo, y muchas veces genera inseguridad y búsqueda constante.

Nate Jacobs representa un conflicto distinto, más ligado al control y a la represión emocional. Su historia familiar es clave. Crece en un entorno donde su padre, Cal Jacobs, mantiene una doble vida y oculta su homosexualidad. Nate descubre esto desde pequeño, sin herramientas para entenderlo, y eso le genera una relación muy confusa con la identidad, la sexualidad y la vulnerabilidad.

A partir de ahí, todo en Nate gira en torno al control. No hay espacio para mostrarse débil, para expresar lo que siente o para entenderlo. Y cuando no se puede expresar, se transforma en otra cosa: en agresividad, en manipulación, en necesidad de dominar las situaciones y a las personas.

Aquí la serie pone sobre la mesa algo importante: cuando no se trabaja la gestión emocional, lo que aparece no es ausencia de emociones, sino emociones mal canalizadas. Y eso puede derivar en relaciones muy dañinas.


En el caso de Cassie Howard, el eje está en la validación. El abandono de su padre no es solo un hecho, es algo que estructura cómo se ve a sí misma. Cassie necesita sentirse querida constantemente, y esa necesidad no es superficial, es profundamente emocional.

El problema es que esa búsqueda de afecto se traduce en depender de la mirada de los demás, especialmente de los chicos. Y ahí aparece algo muy relevante: la sexualización. Cassie interioriza que su valor está en su cuerpo, en gustar, en ser deseada. No porque quiera, sino porque siente que es lo único que tiene para ser aceptada.

Esto conecta con un tema importante en adolescentes: cuando la autoestima se construye desde fuera, es muy fácil que se base en lo que otros validan. Y eso puede llevar a situaciones donde se pierde el propio criterio, donde se prioriza gustar antes que estar bien.

Maddy Perez parece más segura, más firme, pero también está sosteniendo muchas cosas. Su identidad también está atravesada por su origen latino y por el contexto familiar en el que crece, con un padre ausente y dinámicas que influyen en cómo entiende el amor y las relaciones. Esa seguridad que muestra muchas veces funciona como una forma de protección.

Su relación con Nate es un ejemplo bastante claro de relación tóxica, pero lo interesante es que no se mantiene por falta de información. Maddy sabe que la relación no es sana en muchos momentos, pero hay algo que la mantiene ahí: la dependencia emocional, la costumbre, la idea de lo que debería ser una relación.

Aquí la serie muestra algo que muchas veces cuesta entender: salir de una relación dañina no es solo una decisión racional. Hay factores emocionales que pesan mucho más, y sin herramientas para gestionarlos, es muy difícil romper con ese tipo de dinámicas.

Si se observa la serie en conjunto, hay una idea que atraviesa todas las historias: nadie está sabiendo gestionar lo que siente. Cada uno encuentra su forma de hacerlo, pero muchas de esas formas acaban generando más daño.

Y esto conecta directamente con la educación.

Porque todo lo que aparece, adicción, dependencia emocional, necesidad de validación, relaciones tóxicas, no surge de la nada. Tiene que ver con procesos, con carencias, con falta de herramientas. Y eso es algo que no siempre se trabaja como debería.

La serie ha sido muy criticada, especialmente por su creador, Sam Levinson. Hay quien dice que muestra estas realidades de forma demasiado estética o que puede llegar a normalizarlas. Y es una crítica que entiendo.

Pero personalmente no lo veo como una defensa de esas conductas. Lo veo más como una forma de ponerlas delante sin filtros. Y eso incomoda, porque obliga a mirar cosas que muchas veces se prefieren ignorar.

Ahora bien, ¿Recomendaría la serie?

Sí, pero con criterio.

No es una serie para ver sin más. Creo que tiene sentido cuando hay intención de entender lo que muestra y de reflexionar sobre ello.

Si algo me deja esta serie es que muchas veces nos centramos en lo que hacen las personas sin pararnos a pensar qué les está pasando. Y sin entender eso, es muy difícil acompañar, educar o prevenir. Como futuros docentes, probablemente no veamos todo esto de forma tan evidente, pero eso no significa que no esté ahí.

Porque muchas veces, lo que más necesita ser atendido… es precisamente lo que no se ve.

Espero que os haya gustado 

Eva





Comentarios

  1. Ala Eva, partiendo de la base de que soy super fan de la serie, estoy super super de acuerdo contigo. Esta serie hace que veamos cosas incómodas pero ciertas, que muchas veces se ignoran. Me encanta como dices que no es una serie para todo el mundo, yo he llegado a tener que pararla en determinadas escenas por ser tan fuertes y dolorosas pero es una serie que te lleva a otro nivel de empatía. Admiro mucho como lo has conectado con la educación también, muchas veces lo que necesita ser atendido es precisamente lo que no se ve. Mi entrada favorita definitivamente :)

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