¿Vivimos para ser vistos? Redes sociales, exposición y educación a través de The Truman Show
Hoy quiero hablar de una película que, aunque se estrenó hace ya unos cuantos años (1998), cada vez resulta más fácil relacionarla con la realidad en la que vivimos. No es una historia sobre redes sociales ni sobre influencers, pero al verla hoy es difícil no pensar en todo eso. Se trata de The Truman Show.
La película cuenta la vida de Truman, interpretado por Jim carrey, un hombre que aparentemente lleva una vida completamente normal. Tiene su rutina diaria, su trabajo, sus amistades y una relación estable. Todo parece encajar dentro de lo que entendemos como una vida tranquila. Sin embargo, lo que él no sabe es que toda su vida está siendo grabada y retransmitida como un programa de televisión. El mundo en el que vive está construido y las personas que le rodean forman parte de ese montaje.
Lo más interesante no es solo esta idea, sino cómo la vive él. Truman cree que todo lo que le ocurre es real, que sus decisiones son propias y que su vida le pertenece. No se plantea que pueda haber algo más allá porque, simplemente, no tiene motivos para hacerlo.
Al ver esto desde hoy, es bastante inevitable hacer una comparación con cómo vivimos nosotros. Evidentemente, nuestra situación no es la misma, pero sí hay algo que se le parece: la exposición constante. Las redes sociales han cambiado la forma en la que mostramos nuestra vida. Compartimos lo que hacemos, lo que pensamos, lo que sentimos, y muchas veces lo hacemos teniendo muy presente cómo lo van a percibir los demás.
Sin darnos cuenta, vamos construyendo una versión de nosotros mismos que enseñamos hacia fuera. Elegimos qué mostrar, cómo hacerlo, en qué momento. Y aunque no haya un guion como en el caso de Truman, sí hay cierta intención detrás de lo que compartimos. No enseñamos todo, sino lo que queremos que se vea.
Aquí es donde aparece un paralelismo interesante. Truman vive en un mundo donde todo está diseñado para que funcione de una determinada manera. Nosotros, salvando las distancias, también estamos rodeados de contenidos que han sido seleccionados, editados y pensados para generar una reacción. Esto se ve muy claro en redes sociales, donde muchas veces lo que consumimos no es la realidad completa, sino una versión concreta de ella.
Esto tiene bastante impacto, sobre todo en adolescentes. Crecen en un entorno donde la validación externa tiene un peso importante. Los “likes”, los comentarios o el número de seguidores no son solo números, sino que muchas veces influyen en cómo se perciben a sí mismos. A esto se suma el papel de los influencers, que en muchos casos se convierten en referentes y marcan formas de vida, de consumo o incluso de pensar.
El problema no es tanto que existan estos referentes, sino que muchas veces no hay una reflexión detrás. Se consume contenido sin cuestionarlo demasiado, como si todo lo que aparece fuese real o alcanzable tal cual se muestra.
Y aquí es donde la película vuelve a tener sentido.
Truman vive en una realidad que no ha elegido ni cuestionado. Solo cuando empiezan a aparecer pequeñas grietas, cuando algo no encaja, es cuando comienza a plantearse que quizá su mundo no es exactamente como pensaba.
Este proceso es interesante porque no ocurre de golpe. Empieza con detalles pequeños, con dudas, con sensaciones difíciles de explicar. Y poco a poco va generando una necesidad de entender lo que está pasando, aunque eso le genere incomodidad.
Si lo llevamos a la educación, esto tiene bastante relación con el pensamiento crítico. Aprender no debería limitarse a adquirir información, sino que también debería implicar saber analizarla, cuestionarla y darle sentido. Sin embargo, muchas veces el aprendizaje se queda en lo superficial, en repetir contenidos o en buscar la respuesta correcta.
En un contexto como el actual, donde estamos constantemente expuestos a información, enseñar a pensar se vuelve todavía más importante. No solo para entender contenidos académicos, sino para moverse en el mundo digital de forma consciente.
También hay algo que me parece importante destacar: cuestionar no es fácil. En la película, a medida que Truman empieza a dudar, también aumenta su inquietud. Podría ignorar lo que siente y seguir con su vida, pero decide seguir adelante.
Esto implica enfrentarse a lo desconocido.
En el aula pasa algo parecido. Pensar por uno mismo, opinar o plantear dudas puede generar inseguridad, sobre todo si no se está acostumbrado a hacerlo. Por eso es importante que el espacio educativo permita ese tipo de procesos, sin que todo se reduzca a acertar o equivocarse.
El papel del profesorado aquí es clave. No solo como alguien que transmite contenidos, sino como alguien que acompaña, que plantea preguntas y que ayuda a mirar la realidad con más profundidad. Al final, no se trata solo de enseñar, sino de ayudar a comprender.
La película deja una idea bastante clara: aceptar lo que vemos no siempre es suficiente. Entenderlo implica ir un poco más allá.
Invito a todos mis compañeros a verla y a reflexionar sobre algo que forma parte de nuestro día a día: cómo mostramos nuestra vida, cómo nos afecta lo que vemos en redes y hasta qué punto somos conscientes de ello. Nuestras acciones tienen consecuencias, también en lo digital, y muchas veces no pensamos en eso en el momento.
Creo que, como futuros docentes, tenemos bastante responsabilidad en este sentido. No solo enseñar contenidos, sino ayudar a que el alumnado entienda el entorno en el que vive, también el digital. Porque al final no se trata solo de estar en el mundo, sino de saber cómo funciona y qué papel tenemos dentro de él.
Eva

Comentarios
Publicar un comentario